Como albinos en Tanzania

FONT:   EL PAIS
César Molinas 19 SEP 2011 – 19:44 CET

El impuesto sobre el patrimonio se suspendió en 2008 tras un ágape en La Moncloa en el que Zapatero reunió a algunos de los principales empresarios del país. El presidente del Gobierno preguntó a sus invitados, uno a uno, si pagaban dicho impuesto y, uno a uno, le respondieron que no (esta anécdota me la relató uno de los asistentes). En uno de sus característicos prontos, Zapatero decidió suspender el impuesto sobre el patrimonio por su falta de equidad, puesto que los más ricos del país no lo pagaban. Y no es que hicieran fraude: no lo pagaban cumpliendo la legalidad vigente.

Un impuesto sobre el patrimonio es una anomalía en las economías occidentales. Solo existe en España y, en cierta medida, en Francia. No existe en otros países por una razón de tipo económico y otra de tipo técnico. El patrimonio es un conjunto de rentas acumuladas en el tiempo que, cuando se generaron, pagaron los impuestos correspondientes. Gravar el patrimonio es volver a gravar esas rentas, algo que la ortodoxia tributaria considera rechazable porque desincentiva el ahorro. La razón técnica es que los más ricos no son personas físicas, sino jurídicas, con lo que eluden con facilidad los impuestos cuyo sujeto pasivo son las personas físicas. En España este impuesto existe desde 1978, cuando se instauró con carácter excepcional y transitorio, conscientes los legisladores de entonces de la anomalía que representaba, porque al no pagarlo los ricos era un impuesto sobre las clases medias. En 1991 se le dio un carácter permanente, pero los ricos siguieron sin pagar porque el impuesto no cambió. Este fue el impuesto que se suspendió en 2008, por su falta de equidad, y el que el Gobierno ha decidido restaurar en 2011. ¿Significa esta restauración que los comensales del banquete de Zapatero van a comenzar a pagar el impuesto sobre el patrimonio? ¡Por supuesto que no, faltaría más! El impuesto no ha cambiado, solo se ha elevado el mínimo exento: sigue siendo un impuesto sobre las clases medias. ¿Por qué los ricos españoles no lo pagan? A la razón técnica expuesta más arriba hay que añadir otra de carácter alimenticio. Todo político en activo es un futuro expolítico. Y tendrá que comer de algo. Los verdaderamente ricos de este país dan una solución a este problema. Basta consultar la lista de consejos de administración, asesorías y consultorías de las principales empresas y sociedades patrimoniales de este país —y también algunas del extranjero— para que sea inevitable exclamar: ¡Ah, claro! Como dicen en mi tierra, “una mano lava la otra y las dos lavan la cara”.

LLEGIR MÉS A:    http://politica.elpais.com/politica/2011/09/19/actualidad/1316454246_436350.html

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